Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. (Hebreos 5:7)
La receta perfecta para la victoria: Ruegos + Súplicas + Clamor y Lágrimas. Jesús estaba librando una batalla epica, contra la oposición satánica, contra la debilidad de la carne contra el pecado, y contra la muerte. Sabía que el único que lo podía librar era Dios, su Padre, pero también sabía que para lograr esa victoria tenía que sufrir no solo físicamente, también en el alma y el espíritu, porque lo peor de ir a la cruz no fue el martirio, lo peor que sufrió Jesús fue el abandono de su Padre.
Dios tubo que arrancarlo de si mismo para ir a la cruz "el que no cometió pecado, se hizo pecado por nosotros" Dios miro hacia otro lado cuando Jesús estaba clavado en la cruz.
Pero las súplicas, los ruegos el clamor y las lágrimas de Jesús, dieron resultado, aunque tubo que pasar por la cruz, Dios lo libró finalmente de la muerte.
Jesús no fue resignado a la Cruz, él busco a Dios, para ser liberado, pero no se reveló, se mantuvo obediente.
Podemos decir que, ruegos, súplicas con clamor y lágrimas, son la señal de la obediencia.
¿Cuál es la enseñanza de esta palabra? Debemos buscar a Dios sin resignarnos a la oposición satánica, a las tentaciones, la vida nos plantea escenarios negativos enfermedad, pobreza, división familiar, y toda clase de dificultades, si nos resignamos nunca disfrutaremos la victoria de Cristo en la cruz. Debemos luchar, con las armas que Dios nos dió, ruegos, súplicas, con clamor y lágrimas, si Jesús lucho de esta forma, ¿Cuánto más nosotros? Si Jesús fue obediente con temor reverente ¿Cuánto más nosotros? Vuelve a levantarte en pie de batalla, no te resignes, lucha por ver las promesas de Dios cumplidas en tu vida. Vuelve a reconectar con Dios, vuelve a unirte al cuerpo de Cristo, se obediente, es cuestión de vida o muerte, pero recuerda que Cristo vino para darnos vida en abundancia.
Bendiciones a todos